"Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino solo a los judíos. Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor." (Hechos 11:19-21).
Al principio, los cristianos esparcidos por todo el Imperio Romano predicaban solamente a los judíos, pero eventualmente empezaron a predicar de Jesucristo a los gentiles también.
"Entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene … hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús": Estos discípulos anónimos de Chipre y Cirene eran verdaderos héroes. Ellos iniciaron la primera “misión a los gentiles” (aquí llamados griegos) en Antioquía. En Antioquía, tenemos el primer ejemplo de cristianos deliberadamente focalizando en gentiles para evangelismo, y este esfuerzo tuvo excelentes resultados (gran número creyó y se convirtió al Señor). Antioquía fue fundada alrededor del año 300 a.C. por Seleuco I, uno de los herederos del imperio de Alejandro Magno. Le gustaba hacer una ciudad y nombrarla por su padre Antíoco, y lo hizo unas quince veces. Esta ciudad de Antioquía se llamaba “Antioquía Siria” o “Antioquía en las Orontes”. En el primer siglo era una ciudad de más de medio millón de personas; hoy es una ciudad turca con un población de aproximadamente 3,500. Estaba a unas 300 millas (480 kilómetros) norte de Jerusalén y a unas 20 millas (32 kilómetros) tierra adentro desde el mar Mediterráneo. Muchos consideraban a Antioquía Siria como la tercera ciudad más grande del Imperio Romano, tras Roma y Alejandría. Antioquía era conocida por sus negocios y comercio, por su sofisticación y cultura, pero también por su inmoralidad.
Porque Dios estaba con ellos, su ministerio fue bendecido y multiplicado, el resultado fue que un gran número creyó y se convirtió al Señor. Un ministerio no puede volver personas al Señor a menos que la mano del Señor esté con ellos.
·Puedes convertir a personas a una personalidad sin la mano del Señor.
·Puedes convertir a personas a un club social sin la mano del Señor.
·Puedes convertir a personas a una iglesia o institución sin la mano del Señor.
·Pero no puedes convertir a personas al Señor sin la mano del Señor.
La frase, “creyó y se convirtió al Señor” es una buena descripción de la obra de fe y arrepentimiento.