"Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos. Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar. Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro. Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí." (Hechos 12:16-19).
El Jacobo al que Pedro les dijo a los demás que le reportaran lo sucedido no era el Jacobo que acababa de ser martirizado. Probablemente fue Jacobo el hermano de Jesús, quien era una persona prominente en la iglesia de Jerusalén.
Excepto por una mención breve en Hechos 15, esto es lo último que Lucas dice de Pedro. Sabemos que Pedro después vio a Pablo en Antioquía (Gálatas 2:11-14), y luego escribió sus dos cartas (Enduring Word).
Todo es contraste en este capítulo, y la agitación, llena de asombro y terror dentro de la fortaleza, cuando la guardia de relevo halló que los soldados dormían en su sitio, con las cadenas en sus muñecas, pero sin el preso, se contrasta vivamente con el gozoso asombro de la familia cristiana en la casa de María al ver a Pedro libre y sano. Después de las interrogaciones de rigor, Herodes llegó a la conclusión de que alguna confabulación había favorecido la evasión del preso. De todas formas él estaba enojado, y las vidas de unos soldados eran baratas en los círculos militares de Roma como también en los reinos subordinados a ella, de modo que dio rápida orden de que fuesen llevados al lugar de ejecución. Nada se nos dice de la desilusión de los jefes de los judíos, pero ya habían tenido experiencias extrañas de cómo presos nazarenos salían de cárceles sin que se supiera jamás los medios empleados, y algunos se acordarían del misterio, jamás solucionado, de la tumba vacía (Hch 5:17-25) (Mt 28:11-15).(Escuela Bíblica)