"Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón; pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que era camarero mayor del rey, pedían paz, porque su territorio era abastecido por el del rey. Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos. Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba. Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos." (Hechos 12:20-25).
La gente de Tiro y de Sidón quería hacer paz con Herodes (Herodes Agrippa I), el nieto de Herodes el Grande. Como Herodes estaba enojado con ellos y necesitaban la comida que provenía del país de Herodes, la multitud estaba motivada para complacer a Herodes. Vestido con ropa impresionante, Herodes habló ante una audiencia ansiosa por complacerlo. Recibió la alabanza exagerada de la gente de Tiro y Sidón, y recibió el juicio del Dios a quien rehusó glorificar.
"¡Voz de Dios, y no de hombre!": Está en la naturaleza humana buscar libradores políticos y mesías, y la gente de Tiro y Sidón parecía alabar a Herodes como si fuera un dios. Por su parte, Herodes lo disfrutó, tomando la gloria para sí mismo (no dio la gloria a Dios). La manera en que murió fue apropiada para su estado espiritual; fue corrompido de adentro hacia afuera.
El contraste entre Herodes y la iglesia es claro. Herodes creía que él tenía la mano superior contra el pueblo de Dios, pero Dios mostró quién estaba realmente a cargo: Herodes fue juzgado y la iglesia fue bendecida. Herodes peleó contra Dios. Mató a Jacobo pero no derrotó el plan de Dios. Arrestó a Pedro, pero la iglesia que oraba con fervor vio a Dios rescatar a Pedro y la obra del apóstol continuó. La historia está llena de relatos de hombres que pensaron que podían pelear con Dios y ganar. Friedrich Nietsche fue el filósofo que inició la idea de que Dios estaba muerto, y que el cristianismo era una religión despreciada de los débiles. Pelear contra Dios lo hizo enloquecer, y pasó los últimos años de su vida en esa condición. Sinclair Lewis ganó el Premio Nobel de literatura y peleó contra Dios en su libro Elmer Gantry. El libro trataba sobre un evangelista que también era alcohólico y que se acostaría con cualquier mujer que pudiera. Sinclair Lewis murió alcohólico, sin esperanza en una clínica cerca de Roma. El escritor Ernest Hemingway vivió su vida de aventura y pecado contra Dios al parecer sin consecuencias, hasta que se disparó en la cabeza con una escopeta. Pelear contra Dios simplemente no funciona.