"Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre. Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho, ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años." (Hechos 4:13-22).
La gran valentía y sabiduría de Pedro y Juan contrastaban con su origen sencillo. Eran hombres "sin letras y del vulgo", personas comunes viviendo y hablando de una manera fuera de lo común porque "habían estado con Jesús", porque esa capacidad se las dió el Espíritu Santo (Hechos 1:8).
Ciertamente no tenían educación en un sentido: ellos, al igual que Jesús, no tenían educación rabínica formal según las costumbres y estándares de aquel tiempo. Más sí eran educados en dos maneras importantes: Conocían las escrituras, y habían estado con Jesús. La mayor importancia de estas dos cosas –más importante que la educación formal– se ha demostrado una y otra vez en la vida de los siervos de Dios. Se ha demostrado que es cierto a través de siervos de Dios como Charles Spurgeon, D.L. Moody, William Carey, D. Martyn Lloyd-Jones, Hudson Taylor. Sin embargo, es útil recordar que Dios ha usado a muchos que fueron muy educados. Moisés, Daniel y Pablo son todos ejemplos bíblicos. Agustín, Martín Lutero, y Billy Graham son solo algunos ejemplos históricos. Es igual de erróneo pensar que la educación formal descalifica a alguien para un servicio efectivo como pensar que califica automáticamente a alguien para un servicio efectivo.
Pedro y Juan, porque habían estado con Jesús, eran naturalmente audaces. Cuando uno es un siervo del Dios todopoderoso, no tienen nada que temer del juicio del hombre.
“Unos pocos hombres sin armas, sin guarniciones, muestran más fuerza solo en su voz, que todo el mundo, peleando contra ellos”. (Calvino)
“La palabra denuedo significa una declaración lúcida y atrevida. En el griego la palabra es parresia: diciéndolo todo”. (Ogilvie)
“Ningún atributo es más necesario hoy para el testigo de Cristo que la valentía del Espíritu Santo debido a la plenitud del Espíritu Santo”. (Pierson)