"Ananías fue a la casa donde estaba Saulo. Al entrar, puso sus manos sobre él, y le dijo: —Hermano Saulo, el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, me ha mandado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo. Al momento cayeron de los ojos de Saulo una especie de escamas, y recobró la vista. Entonces se levantó y fue bautizado. Después comió y recobró las fuerzas, y se quedó algunos días con los creyentes que vivían en Damasco." (Hechos 9:17-19).
Esto requirió gran valor. En los siglos después, los cristianos han tenido que tratar con aquellos que hacen conversiones fingidas para infiltrar los seguidores de Jesús. Ananías tenía que superar este miedo o sospecha. El hecho de imponer sus manos y las palabras “Hermano Saulo” comunicaron poderosamente el amor de Dios. El ciego Saulo no podía ver el amor en el rostro de Ananías, así que lo comunicó a través de sus manos y su voz.
Parece que aquí es cuando Saulo realmente fue nacido de nuevo. Aquí es donde recibió el Espíritu Santo y fue sanado de su ceguera, que era tanto la ceguera espiritual como la ceguera física. Dios hizo una obra eficaz al quebrantar a Saulo, pero no fue su intención dejarlo quebrantado. Dios quería quebrantar a Saulo para poder llenarlo y dejarlo lleno.
“A menudo se dice que Saulo fue convertido en camino a Damasco. Estrictamente hablando, esta no es la verdad. Su conversión empezó con su encuentro con la ley, pero no se cumplió hasta que el evangelio entró en su corazón por fe, y eso no ocurrió en el camino, sino en Damasco”. (Lenski)
Cuando Saulo pudo ver –tanto física y espiritualmente– inmediatamente quiso identificarse con el Señor Jesús y con sus discípulos al ser bautizado. No se nos dice que Ananías le dijo a Saulo sobre el bautismo. Quizá lo hizo; pero es igual de probable (o aún más probable) que Saulo había visto bautismos cristianos (tales como en Pentecostés, Hechos 2:41). Especialmente, Dios le habló directamente acerca de muchas cosas durante su tiempo esperando a Ananías, incluyendo el nombre del hombre que vendría a orar por él y restauraría su vista (Hechos 9:12).
"Habiendo tomado alimento, recobró fuerzas": Saulo inmediatamente comenzó a recobrar fuerzas física y espiritualmente. Dios estaba preocupado con ambas áreas de necesidad. Ahora se contaba entre los discípulos de Jesús, y se hizo amigo de aquellos que previamente había intentado encarcelar o matar. Esto demuestra la naturaleza notable y radical de su transformación.
Pablo consideraba su experiencia de conversión como un patrón para todo creyente: "Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad … Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna" (1 Timoteo 1:13,16).