"Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre. Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido. Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir? Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado." (Hechos 10:24-33).
Es extraordinario lo que sucede cuando decidimos obedecer al Señor y hacer su voluntad. Tanto Pedro como Cornelio obedecieron fiel y prontamente al Señor. Entonces se encontraron en casa de Cornelio. Ambos tenían alguna información recibida por revelación del Señor, pero aún no sabían todo lo que iba a ocurrir, todos los grandes cambios para ellos, sus familias y la iglesia en general.
Cornelio tenía mucha fe en Dios. Él esperó por la llegada de Pedro, sabiendo que como Dios lo motivó a llamar a Pedro, Dios llevaría a cabo el plan. Envió siervos a buscar a un hombre que nunca había conocido, para poder conocerlo. Solo sabía que el hombre era un judío piadoso, quien por tradición no tendría nada que ver con un gentil como él. A pesar de todo eso, lo estaba esperando en fe.
Cornelio no conocía a Pedro, pero debía haber pensado que era un hombre especial de Dios, así que postrándose a sus pies, adoró. Esta reacción fue entendible, aunque incorrecta. Pedro corrigió a Cornelio diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre. Si Cornelio no debía dar tal reverencia a Pedro, tampoco Pedro debía recibirla. Significativamente, cada vez que en la Biblia se ofrece adoración a hombres o ángeles (como en Apocalipsis 19:10), es rechazada. Pero el Señor Jesús recibió tal adoración libremente (Mateo 8:2; 9:18; 14:33; 15:25; 28:9). Esto comprueba que es más que un hombre y mayor que cualquier ángel (Lucas 4:8).
En la gran Catedral de San Pedro en Roma, hay una estatua enorme de Pedro, donde la gente viene y besa el dedo de la estatua. Esta es una reverencia inmerecida e inapropiada hacia cualquier hombre o ángel. Casi quisiéramos que Pedro visitara la catedral que lleva su nombre y corrigiera amablemente a esas personas.
Pedro y Cornelio se honraron mutuamente. Pedro honró a Cornelio viniendo desde Jope para verlo. Cornelio honró a Pedro recibiéndolo en su casa. Hicieron como Pablo después escribió: "en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros" (Romanos 12:10).
“Pedro se negó a ser tratado por Cornelio como si fuera un dios, y a tratar a Cornelio como si fuera un perro (como llamaban los judíos a los gentiles)”. (Stott)
Pedro entró en la casa de un gentil, algo que las costumbres y tradiciones judías prohibían estrictamente. Al entrar en la casa de un gentil, Pedro mostró que su corazón y su mente habían cambiado, y que había aprendido la lección de la visión del gran lienzo. “El tema principal de este capítulo no es tanto la conversión de Cornelio como la conversión de Pedro”. (Stott)