"Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad." (Hechos 3:25-26).
Escondida en la idea de la promesa a Abraham (serán benditas todas las familias de la tierra) y en las palabras "a vosotros primeramente," está el tema no desarrollado de la extensión del evangelio a todo el mundo, incluso a los gentiles.
"Lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad": Esta es la cuarta bendición que viene de arrepentirse y volverse a Dios. El Señor Jesús nos bendice desde el cielo, y lo hace alejándonos de nuestros pecados. El deseo de Dios de bendecirnos y hacer el bien por nosotros también incluye su deseo de alejarnos de nuestros pecados. El hombre cojo de la puerta llamada la Hermosa quería algo; pero Dios quiso darle algo mucho mejor. Lo mismo fue generalmente cierto del pueblo judío al que Pedro predicó. Ellos esperaban al Mesías de cierta manera, pero Dios quería darles algo mucho mejor. Ellos buscaban un Mesías político y militar, y no tanto uno que hiciera que cada uno se convierta de su maldad. Muestra cuán importante es para nosotros esperar las cosas correctas de Dios.
Hoy Dios invita de muchas maneras a los seres humanos a que se vuelvan, a que cambien de dirección, a que se conviertan. En la actualidad muchas personas no se encuentren precisamente buscando a Dios, sino todo lo contrario. A Dios se le margina en la mayoría de los foros, o se le desconoce, o se le niega. Incluso, se le blasfema o se le ridiculiza. Pero el mensaje del Evangelio continúa resonando en nuestro mundo, que es el mundo al cual Dios amó (Juan 3:16). Y a pesar de la aparente indiferencia u oposición de los seres humanos ante la invitación de Dios, hay muchas personas que, conscientes de su estado de alejamiento, y de su profunda necesidad espiritual, están buscando a Dios. Recordemos las palabras del apóstol Pablo, pronunciadas en el Areópago de Atenas. El consejo del Areópago era la institución más venerable de la ciudad y que tenía jurisdicción en asuntos de moral y de religión. El incidente se encuentra relatado en este libro de los Hechos y será examinado más adelante. Pero hoy recordamos especialmente las palabras de Pablo a los griegos, tan oportunas para la época en que vivimos: "Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; 31por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, acreditándolo ante todos al haberlo levantado de los muertos." (Hechos 17:30,31)