HECHOS 2:5-8 RVR1960:
"Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. [6] Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. [7] Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? [8] ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?"
Al ser llenos del Espíritu Santo, los presentes (no solamente los doce apóstoles) comenzaron a hablar en otras lenguas. Estas eran lenguas que nunca les habían sido enseñadas.
La multitud de muchas naciones se juntó en Jerusalén por la fiesta de Pentecostés. Muchas de estas personas eran las mismas que se habían juntado en Jerusalén para la última fiesta, la Pascua, cuando una multitud alborotada y enojada demandó la ejecución del Señor Jesús. Se formó rápidamente una multitud de personas, atraídas por este estruendo, que fue el sonido de un viento recio. Cuando la multitud vino, escucharon a los cristianos hablando en sus propias lenguas extranjeras. Aparentemente, se podía escuchar a los cristianos desde las ventanas del aposento alto, o salieron a un tipo de balcón o hacía los patios del templo.
La multitud escuchó a los cristianos hablar. De este evento notable, estaban todos atónitos y maravillados, pero unos lo usaron para medio de investigación honesta y preguntaron: ¿Qué quiere decir esto? Otros lo usaron como una excusa para descartar la obra de Dios y dijeron: Están llenos de mosto.
Todos hablaban en lenguas diferentes, sin embargo, había unidad entre los creyentes. “Desde los padres primitivos de la iglesia, los comentaristas han visto la bendición de Pentecostés como un cambio deliberado y dramático de la maldición deBabel”. (Stott)