"Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida. Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor." (Hechos 9:32-35).
El previo patrón de los apóstoles quedándose en Jerusalén y los necesitados de ministerio viniendo desde lejos a verlos (como es visto en Hechos 5:16) ahora cambió. Pedro visitaba a todos para ministrar, viajando las 35 millas (55 kilómetros) de Jerusalén a Lida. Lida está cerca del sitio actual de Lod, el sitio del aeropuerto Ben Gurion a las fueras de Tel Aviv. Pedro encontró allí a un hombre necesitado que Dios quería sanar milagrosamente, y lo encontró mientras estaba ministrando a otros en el nombre de Jesús. Si hacemos como Pedro, quien visitó a todos, también encontraremos oportunidades para el poder milagroso de Dios. Él claramente identificó quién sanó: Jesucristo, él era solo su instrumento. Jesús sanó con el poder de Jesús, pero Pedro no sanó con el poder de Pedro. Pedro dependía únicamente del poder de Jesús.
Las palabras de Pedro: levántate, y haz tu cama, nos recuerdan la sanidad del Señor Jesús del hombre paralítico en Marcos 2:10-12. Él hacía lo que aprendió viéndolo.
"Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor": La sanación milagrosa de Eneas hizo que muchas personas se convirtieran al Señor, podemos asumir que Pedro les predicaba el evangelio. (Enduring Word).