"Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él, y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez. Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José. Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres; los cuales fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que a precio de dinero compró Abraham de los hijos de Hamor en Siquem. Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a sus niños, para que no se propagasen. En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre. Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crio como a hijo suyo. Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos." (Hechos 7:9-29).
Esteban enfatizó la presencia espiritual de Dios con José en todo tiempo. José no necesitaba ir al templo para estar cerca de Dios, en Egipto no había un templo de Jehová. En lugar de eso, Dios estaba con él todo el tiempo. Esteban mencionó la historia de José porque él es una imagen del Señor Jesús, en el aspecto de que los hijos de Israel rechazaron a José, quien más tarde vino a ser un salvador para ellos (y el único salvador posible).
"El sepulcro que a precio de dinero compró Abraham": La única tierra que Abraham poseyó realmente en Canaán fue este sepulcro. El resto fue recibido solo por fe.
"En aquel mismo tiempo nació Moisés y fue agradable a Dios": Moisés también era como el Señor Jesús en el sentido de que fue favorecido por Dios desde su nacimiento y preservado en su niñez. Además, fue agradable a Dios sin tener el templo o las costumbres de la religión institucional. Moisés también era sabio, y un hombre de poderosas obras. En un momento determinado, Moisés bajó de su trono real por cuidado y preocupación por sus hermanos. Esto fue otra manera en que Moisés fue como el Señor Jesús que vendría después de él. Cuando Moisés ofreció libertad a Israel, fue rechazado y rechazado con despecho. Israel negó que él tenía cualquier derecho de ser gobernante y juez sobre ellos.
El mensaje de Esteban fue claro: “Ustedes han rechazado a Jesús, quien era como Moisés pero aún más grande que él, y niegan que Jesús tiene derecho de ser un gobernante y juez sobre ustedes”.