"Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido? Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras. Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope." (Hechos 10:17-23).
Cuando terminó la visión, Pedro no había entendido todo. Eso llegó con el tiempo y ocurrió cuando Dios le habló a Pedro a través de los visitantes que acababan de llegar a su puerta. Previamente, en Hechos 10:13-15, simplemente fue dicho que una voz habló a Pedro. Ahora, se nos dice que el Espíritu habló a Pedro. Este fue Dios, en la persona del Espíritu Santo, hablando a Pedro. En este punto, Dios no le había dicho a Pedro que sus visitantes eran gentiles. Normalmente, un judío piadoso como Pedro no se relacionaría de esta manera con gentiles. Sabiendo esto, y conociendo la resistencia previa de Pedro, Dios simplemente sorprendió a Pedro con el conocimiento de que estos hombres eran gentiles. Todo lo que Pedro necesitaba saber era que el Espíritu dijo: “Yo los he enviado”.
Pedro debe haberse sorprendido cuando abrió la puerta y vio a dos siervos y un soldado (Hechos 10:7) en su puerta. Habría sabido de inmediato que no eran judíos, y se habría preguntado por qué Dios le dijo que fuera con ellos y por qué Dios los había enviado. La idea de que Dios podía enviar y usar gentiles era completamente nueva para Pedro. Dios estaba expandiendo la mente y el corazón de Pedro. Los mensajeros de Cornelio vinieron con una invitación. Pedro debía ir a la casa de Cornelio, quien quería oír sus palabras Por supuesto, esto era una invitación que Pedro no podía dejar pasar, ¿o sí? Un gentil –peor aun, un oficial en el ejercito romano– quería oír el evangelio de Pedro. ¡Pedro nunca había hecho algo así antes! ¿Cómo respondería? Podemos ver el cambio en el corazón de Pedro por la manera en que haciéndoles entrar, los hospedó. Pedro no solo les dio una habitación a estos visitantes gentiles; los trató como invitados bienvenidos, y lo hizo contra todas las costumbres del pueblo judío de ese día”. “Normalmente, un judío habría dicho: ‘Bueno, es un placer conocerlos, pero necesitan quedarse aquí afuera en la calle. No pueden entrar’. O podría haber dicho: ‘Si van más adelante por la calle, encontrarán una posada donde pueden quedarse’. Ningún judío ortodoxo invitaría a gentiles a quedarse en su casa. No se habría sentado en la misma mesa con ellos. No tendría convivencia con ellos. Era prohibido”. (Boice). Pedro fue en contra de las costumbres y tradiciones de Israel, pero no en contra de la Palabra de Dios. Posiblemente, en ese mismo momento, Dios llenó el corazón de Pedro con un entendimiento de que, aunque el Antiguo Testamento decía que el pueblo de Dios no debía ser como sus vecinos paganos, también decía que Dios quería que su pueblo fuera una luz para sus vecinos que no conocían al Dios verdadero.
“Creo que los ángeles rodearon aquella casa esa noche, con el curtidor menospreciado como un discípulo, el gran apóstol, los tres gentiles mientras se quedaron allí”. (Morgan)
Al día siguiente … se fue con ellos: Pedro extendió el amor a sus vecinos gentiles, en obediencia a lo que Dios le dijo que hiciera.
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