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sábado, 8 de noviembre de 2025

Devocional noviembre 8/2025

Te invitamos a repasar y profundizar el fin de semana, los devocionales de la semana, en el capítulo 6 del evangelio de Marcos.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Sermón septiembre 7/2025


 Bosquejo:

INTRODUCCIÓN:

La Biblia define en Hebreos 11:1 la fe de manera sencilla y profunda a la vez, como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Es tan importante que sencillamente sin ella la vida cristiana y nuestra relación con Dios no serían posibles. Por eso, tener fe es un desafío enorme, digno de valientes, pues implica todo un compromiso de vida.

  1. La fe nos lleva a vivir la vida natural de una manera sobrenatural, donde lo imposible se hace posible con el poder de Dios (Mateo 14:24-29). 

    1. La fe movió a Pedro a caminar sobre las aguas cuando vio al Señor Jesús. 

    2. Estaba seguro que si Él lo ordenaba lo podía hacer, y así fue… caminó sobre el agua (v. 28). 

    3. La base de nuestra fe debe ser la Palabra del Señor (Rom 10:17; Heb 6:12)

  2. El miedo puede bloquear nuestra fe (v. 30).

    1. Es lo opuesto. El amor echa fuera el temor (1 Juan 4:18) 

    2. Poner los ojos en las circunstancias nos hace dudar. Pedro se hundió al ver el viento fuerte después de andar algunos metros sobre el mar. Debemos poner los ojos en el Señor (Hebreos 12:2)

  3. Cuando nuestra fe se debilita podemos y necesitamos clamar al Señor. “Entonces dio voces diciendo: “¡Señor sálvame!”, y al momento Jesús lo tomó con su mano y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (v. 30,31). 

    1. El Señor siempre escucha nuestro clamor (Jeremías 33:3) 

    2. Nos toma de la mano y nos levanta (Isaías 43:1,2)

  4. El propósito principal de la fe es que agrademos al Señor. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

CONCLUSIÓN: La fe bíblica se caracteriza por la actitud de acercamiento a Dios. Acercarnos a Él va a permitir que ubiquemos nuestra vida en los propósitos de Dios. Además, podremos desarrollar una relación íntima con Dios que nos llevará a vivir la vida natural de una manera sobrenatural.

APLICACIÓN: (Elaboren juntos una lista de al menos tres maneras en que van a poner en práctica lo aprendido).

sábado, 5 de noviembre de 2022

Padres Proactivos

 

La mayoría de las personas tenemos la tendencia a ser reactivos y la reactividad es opuesta a la proactividad. Ser proactivos nos encamina hacia un propósito en la vida, a asumir las circunstancias, los desafíos y los retos de la vida de una manera distinta. Tiene el sentido de ser personas enfocadas en la actividad (pro: hacia, activo: actividad). Ser proactivos nos va a permitir tener metas claras y consecuentes con el propósito para el que Dios nos creó, e igualmente enseñar a nuestros hijos a hacer lo mismo. En la Palabra del Señor encontramos esta meta para nuestra vida: convertirnos en personas dependientes de Dios e interdependientes con los demás. En Salmos 127:1 dice: "Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles..." (NVI). La verdad es que necesitamos a Dios; muchas personas lo excluyen de su vida, pero siempre, eso va a conllevar vacíos, va a traer el desastre, o sencillamente, va a impedir que desarrollemos al máximo el potencial que tenemos como seres humanos. Al contrario, como nos indica el versículo citado, el Señor es quien puede capacitarnos y enseñarnos a "edificar nuestras familias" de manera efectiva; cuando lo ponemos a Él en el centro de la ecuación.

Ser padres proactivos entonces, tiene que ver con involucrarnos activamente en el proceso de criar a nuestros hijos, con la ayuda, dirección y capacitación que Dios puede y quiere darnos. Cuando lo hacemos de esta manera, una de las primeras cosas que encontramos, es que  aunque los hombres y las mujeres tenemos el mismo valor y dignidad ante los ojos de Dios, tenemos diferentes roles asignados en la familia. En este sentido, es muy importante preguntarnos: ¿qué necesita un hijo de su papá? Y, ¿qué necesita un hijo de su mamá? En este artículo vamos a hablar de lo que un hijo necesita de su papá; en el siguiente artículo hablaremos de lo que un hijo necesita de su mamá.

Busquemos en la Palabra de Dios la respuesta. En 1 Corintios 16:13,14 dice: "Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor". Y, Efesios 5:23 dice: "porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador". Un primer aspecto en el rol de los varones como padres, es que debemos ser "líderes/siervos", como enseña Lucas 22:26: "mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros  como el más joven,  y el que dirige como el que sirve". El líder siervo es alguien que entiende, valora y apoya a su esposa como su compañera en la crianza de sus hijos. Es el responsable de dar dirección a la vida de oración de la familia, y establece pautas claras en al menos siete áreas clave de la familia: valores, principios morales, relaciones, vida espiritual, tiempo en familia, desarrollo del carácter y horario balanceado. En el precioso libro de Proverbios 4:10-14 dice: "Oye, hijo mío, recibe mis razones, y se te multiplicarán años de vida. Por el camino de la sabiduría te he encaminado, y por veredas derechas te he hecho andar. Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos, y si corrieres, no tropezarás. Retén el consejo, no lo dejes; guárdalo porque eso es tu vida. No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos". Aquí encontramos que los hijos necesitan que los papás seamos protectores física, emocional y espiritualmente. Normalmente, los varones estamos prestos a defender nuestra familia en el aspecto físico, pero, ¿qué hay del aspecto emocional? ¿y el aspecto espiritual? Necesitamos estar preparados para pelear por ellos en este sentido. Y esto se logra a través de nuestra vida de oración, a través de nuestro buen ejemplo, con una vida espiritual consistente, levantando un cerco protector en el sentido espiritual.

Nuestros hijos también necesitan que seamos proveedores. El trabajo es una bendición de Dios, y tenemos el papel de proveer para las necesidades de nuestra familia, no solamente en cuanto a las necesidades físicas, sino también las emocionales, espirituales, etc. En este sentido (como en todos), la Palabra del Señor está llena de buenas noticias para nosotros. Por ejemplo, en Filipenses  4:19 encontramos esta hermosa promesa: "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús". Podemos pedirle y esperar que Él ¡suplirá todo lo que nos falta! (sabiduría, entendimiento, paciencia, recursos, etc.), para ser los protectores y los proveedores que nuestros hijos necesitan.

 

miércoles, 26 de octubre de 2022

El llamado de Dios a ser padres

 
Es muy importante que seamos conscientes del gran privilegio, del gran regalo que nos ha dado el Señor de ser padres. Recordemos que en Salmos 127:3, dice: "He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre". 


Bueno, ¿qué podemos decir? En primer lugar, que Dios nos dio a cada uno de nuestros hijos, eso declara la Escritura; no son un accidente, ni una casualidad. En segundo lugar, que tener hijos entonces, es un privilegio. También significa que criarlos es un llamado santo e importante, y no es un castigo, ni una carga; es una gran bendición, es un llamado de Dios para cada uno de nosotros.  

Dentro de esto, hablemos sobre algo muy importante: ¡ellos conectan una generación con otra! Y esto tiene que ver con el gran propósito de Dios al crear la raza humana, descrito en el primer libro de la Biblia, el Génesis, capítulo 1, versículos 26 y 27: "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó". Esa "imagen de Dios" debe ser reflejada en cada ser humano, y debe pasar de una generación a la siguiente. Es por este gran propósito de Dios de conectar generaciones, que en  el último versículo del Antiguo Testamento, en Malaquías 4:6, el Señor promete: "Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición".

También tiene que ver con el hecho de que, asumir el llamado a ser padres nos redime del egoísmo, por el hecho de que la paternidad nos demanda entregarnos, dando lo mejor de nosotros a ellos y por ellos, de una manera incondicional y abnegada.

Nuestros hijos igualmente, nos recuerdan que el futuro no existe sin ellos. Nuestra relación con ellos, la enseñanza, la formación, el acompañamiento que les brindamos; son esenciales para el futuro de ellos, de la familia y de la sociedad.

Ser padres entonces, es una responsabilidad demasiado seria, que no podemos tomar a la ligera. De hecho, según la Palabra del Señor, tendremos que rendir cuentas a Aquel que nos encomendó esta maravillosa tarea, este gran desafío, este llamado santo de ser padres. A demás, Él mismo es quien puede y quiere capacitarnos para hacerlo bien, a Su manera.

Ricardo Millán




viernes, 21 de octubre de 2022

Sabiduría para la familia 2: Padres con Principios y convicciones


Principios y convicciones son dos elementos esenciales que los padres debemos desarrollar para ser efectivos en nuestra tarea de criar hijos.

En la Biblia, en el libro de Josué capítulo 24, versículos 14 y 15, dice: "Ahora pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a quienes sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová". ¿En qué creemos? ¿Cuáles son nuestras convicciones? ¿Cuáles son nuestros principios? 

Necesitamos comenzar por "quitar de entre nosotros los dioses" (ídolos), lo que quiere decir, desechar aquello que es contrario a la verdad de Dios, todo lo que pretenda o pueda llegar a tomar el lugar de Él en nuestra vida. Necesitamos "servir a Jehová", lo que significa que no seamos únicamente creyentes o que profesemos una religión; sino, mucho más y muy diferente a eso: una genuina relación con el único Dios verdadero, aceptando al Señor Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, abriéndole las puertas de nuestro corazón  y entregándole nuestras vidas para que las gobierne. Implica una elección, una decisión, como dice allí en el libro de Josué: "escogeos hoy a quién sirváis", y es que es excluyente: no podemos pretender ser cristianos y al mismo tiempo vivir según anti valores opuestos a los principios que enseñó y practicó el Señor Jesús.

Bueno, es tener en primer lugar, convicciones sobre lo importante que es la vida, qué significa realmente el éxito. En segundo lugar, convicciones sobre el carácter y los compromisos. En tercer lugar, convicciones sobre qué significa ser padre o madre, qué significa ser esposa o esposo (según el caso), qué significa ser seres humanos con integridad. 

Sobre la integridad, por ejemplo, en esa antigua y extraordinaria colección de declaraciones de sabiduría, como es el libro de Proverbios escrito por el rey Salomón, en el capítulo 20 versículo 7, dice: "Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él". Y es que la integridad tiene que practicarse paso a paso, es un estilo de vida.

Recordemos que nuestros hijos no van a seguir valores que declaremos o de los que hablemos; van a seguir los valores que practiquemos. Así que, nuestro ejemplo, nuestra manera de vivir, será lo que terminarán asumiendo como sus propios valores, de manera consciente o de manera inconsciente. Esos serán los valores que pasarán a la siguiente generación.


Ricardo Millán

miércoles, 19 de octubre de 2022

Sabiduría para la familia

 

Una de las definiciones que he encontrado de sabiduría es esta: "Habilidad para poner en práctica el conocimiento". Me parece muy acertada, ya que el conocimiento por sí solo no es siempre útil, a menos que lo llevemos a la aplicación. De hecho, los especialistas en pedagogía y enseñanza plantean que el círculo de aprendizaje está completo cuando el aprendiz hace aquello que le fue enseñado. En este sentido, los padres necesitamos sabiduría para nuestra tarea de enseñanza y entrenamiento de nuestros hijos para la vida.

Definitivamente, la mayor fuente de sabiduría es la Palabra del Señor, ya que en ella encontramos los principios que el Diseñador de la familia nos ha dejado para edificarla de la manera correcta.

Necesitamos estar muy conscientes de que en esta época criar hijos es un gran desafío, una tarea y responsabilidad demasiado grande y difícil. Debemos reconocer que hay una gran batalla que libramos con la cultura llena de anti valores. Por ejemplo, ser padres hoy no es algo valorado en sí mismo, de la manera que lo era hace unas décadas. Es una realidad que se ha perdido el respeto a la autoridad de los padres (y a toda autoridad). Así que, lo que hace algún tiempo era un estilo de vida simple en la familia, ha sido reemplazado por algo bastante complejo. Recordemos una cita de las Escrituras que nos dice: "Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos" (Efesios 5:15,16). Así que, como padres de familia necesitamos sabiduría (la capacidad para poner en práctica el conocimiento, la capacidad para saber vivir y para saber criar una familia). Nosotros como padres de hoy, necesitamos saber ¿qué hacer? 

La Palabra del Señor, en el primer libro de  Crónicas capítulo doce, versículo treinta y dos; nos cuenta sobre unas personas que vivieron hace miles de años, llamados "los hijos de Isacar". Dice que eran "...entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer...". Necesitamos esa sabiduría, que nos indique lo que tenemos que hacer. 

Uno de los principios que necesitamos conocer y practicar en la familia (en el caso, lamentablemente cada vez menos frecuente, de que estemos criando los hijos la madre y el padre juntos), es el principio de la complementación. Este principio implica asumir un compromiso sagrado el uno con el otro para criar a los hijos en equipo. En Génesis 2:24 dice: "Por tanto. dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne". Así que el diseño de Dios desde el inicio, es que el hombre y la mujer nos unamos en el matrimonio y seamos "una sola carne". Está hablando de equipo, está hablando en primer lugar, de complementación, y un elemento determinante dentro de esto, es que ambos demos prioridad a nuestra relación de pareja, por encima del trabajo, por encima de los mismos hijos. Es importante que establezcamos que nuestro matrimonio, nuestra relación como tal, es una prioridad máxima para nosotros. Y en segundo lugar, está hablando de la importancia de encontrar maneras para que nos complementemos en la crianza de los hijos, trabajando en equipo, no compitiendo sino, aprovechando las mismas diferencias para ayudarnos el uno al otro y hacer un trabajo mucho más efectivo. Implica que ante nuestros hijos siempre estemos de acuerdo (necesitamos ponernos de acuerdo antes) y "del mismo lado".  Uno de los aspectos más importantes que necesitamos definir, es el de los valores que asumiremos como familia. Con mi esposa Inés Marina, por ejemplo, desde antes de casarnos decidimos que nuestros valores como familia, serían los principios bíblicos. Uno de los pasajes de las Escrituras relacionados con los valores para nuestras vidas y para nuestra familias, es Mateo 7:24-27. En este extraordinario texto bíblico, el Señor Jesús enseñó que cada uno de nosotros tenemos dos opciones al construir nuestras vidas, y lo hizo contando la historia de dos hombres que construyeron sus casas sobre dos cimientos muy diferentes: el primero edificó su casa sobre la arena, y cuando enfrentó circunstancias adversas, grandes dificultades, su casa se derrumbó y tuvo grandes pérdidas. El segundo hombre, en cambio, edificó su casa sobre roca, y enfrentó también grandes dificultades, pero su casa permaneció firme, no se derrumbó. En esta enseñanza el Señor Jesús explicó que edificar la casa sobre la arena, representa la forma de vida en la que no ponemos en práctica sus enseñanzas, los principios bíblicos. Edificar la casa sobre la roca, en cambio, representa la vida en la que sí ponemos en práctica dichos principios. Esta es la manera en la que mi esposa y yo, hemos podido construir nuestra familia con sabiduría, sobre la roca. Hemos podido comprobar por más de 35 años, que la Palabra del Señor es la única fuente de principios y valores sólidos y consistentes como la roca, sobre los que podemos y necesitamos edificar nuestras familias.

Ricardo Millán





domingo, 16 de octubre de 2022

Nuestros hijos son “como flechas en nuestras manos”


En Salmos 127:3,4 se nos enseña la importancia de que los padres no seamos "arcos indisciplinados", en el desafío de lanzarlos hacia el futuro, a esos objetivo claros y distantes. No debe haber ambivalencia en nuestro desempeño como los "arqueros" al lanzarlos como flechas. Ellos necesitan que les ayudemos a tener claro de dónde vienen (sus raíces, ancestros, historia) y a dónde van. Si no lo hacemos, la trayectoria de sus vidas sería vacilante, inestable. 

Dentro de nuestro desempaño como "arcos disciplinados", es necesario que les ayudemos a desarrollar tres disciplinas: la disciplina del perdón, la disciplina de enfocarse en lo positivo y la disciplina de comenzar algo nuevo.

Sobre la disciplina del perdón, en Mateo capítulo 6 versículo 12, dentro del Padre nuestro, el Señor Jesús dijo: "Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores." Es necesario que el perdón hacia los demás se vuelva un hábito y una disciplina practicada. Nuestros hijos necesitan descubrir que la Gracia de Dios es suficiente. Recuerdo la historia que sucedió en un aula de clases: el tema era el resentimiento y el maestro  había pedido que cada estudiante llevara aquel día, papas y una bolsa de plástico. Ya en la clase, cada uno debía elegir una papa por cada persona a la que le guardara resentimiento, escribir el nombre  en cada papa y ponerlas dentro de la bolsa y cargarlas durante toda la semana. Algunos estudiantes tenían bastantes papas en su bolsa, así que se hizo pesado e incómodo, especialmente cuando las papas comenzaron a podrirse. Así que, la gran lección fue que así mismo pasa con la falta de perdón: se convierte en un gran peso que empezamos a cargar, es una gran molestia, una gran incomodidad, y entre más pasa el tiempo se hace mucho más complicado. Cuando perdonamos, en cambio, sacamos esas "papas"  de nuestra bolsa, sacamos eso podrido del corazón, ese veneno, y esto nos trae una tremenda liberación. 

Sobre la disciplina de enfocarse en lo positivo , Winston Churchill dijo: “La actitud es una pequeña cosa, que hace una gran diferencia". También Voltaire dijo: "La vida es un naufragio, pero no debemos olvidar cantar en los botes salvavidas". Jimmy Dean dijo: "No puedo cambiar el viento, pero puedo ajustar las velas para llegar siempre a mi destino". En la Palabra del Señor, en la epístola a los Filipenses capítulo 4 versículo 8 dice: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad." Así que, esto podemos y necesitamos enseñar a nuestros hijos: practicar la disciplina de enfocarse en lo positivo, cultivar actitudes positivas, recordar y enfatizar siempre lo bueno.

La otra disciplina que nuestros hijos necesitan practicar es la de empezar algo nuevo. ¡Qué importante! que podamos transmitirles este hábito de siempre empezar algo nuevo. Lo primero que tenemos que tener en cuenta y nos va a ayudar en este desafío, son las promesas de Dios. Su Palabra está llena de promesas que nos alientan, que nos ponen por delante nuevos horizontes. Cuando Él nos llama como llamó a Abraham, como llamó a Moisés, como llamó a Nehemías, a cada hombre y mujer de la Biblia y de la historia, fue para comenzar algo nuevo. Puso un horizonte nuevo que abrió delante de cada uno de ellos, para que avanzaran hacia nuevos desafíos. La obra de Dios comienza en cada persona a partir de sus circunstancias. "El primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero te saca de donde estás. Te darás cuenta de que lo que hoy parece un sacrificio, mañana terminará siendo el mayor logro de tu vida". "La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla; si uno la empuja, la cierra cada vez más". Esta es una hermosa disciplina que podemos y debemos transmitir a las siguientes generaciones: "Comenzar algo nuevo."

Ricardo Millán 

miércoles, 12 de octubre de 2022

Herencia del Señor son los hijos


 ¿Qué son los hijos para nosotros? ¿Son una bendición? En Salmos 127:3,4 dice: "He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud." En primer lugar, dice que los hijos son "herencia de Dios". Vamos a tomar esta declaración para hablar de lo que significa. Podemos mencionar tres cosas: La primera, significa que son propiedad Divina, son propiedad de Dios. Él los creó, los diseñó, los pensó, y los entregó en nuestras manos para que los cuidemos y les enseñemos. En segundo lugar, también significa que nos fueron dados en préstamo para trabajar en ellos, somos responsables, Dios nos ha dado ese privilegio, esa oportunidad hermosa de poder trabajar en ellos durante nuestra vida para ayudarlos a desarrollarse. Y, en tercer lugar, significa que Dios los pone en nuestras manos para guiarlos a esos propósitos que tiene para cada uno de ellos. 

La segunda expresión que encontramos en el pasaje mencionado, es esta: "Cosa de estima el fruto del vientre". Esto implica, en primer lugar, que nuestros hijos son el resultado del amor nuestro, del amor de sus padres. La vida es el resultado del amor, ¡qué hermoso! Ahí comienza todo. En segundo lugar, implica que nuestros hijos merecen ser cuidados, atendidos, guiados y enseñados. Tenemos esa tarea hermosa como "agricultores", como "sembradores", como "jardineros"; de cuidar esas vidas que un día fueron sembradas y brotaron en nuestras manos. En tercer lugar, implica que ellos deben crecer y desarrollarse de la mejor manera con la Palabra del Señor. En 2 Timoteo 3:16,17 dice:  "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra."

La tercera expresión en Salmos 127:3,4 es esta: "Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud". Para nosotros como padres, significa que nuestros hijos deben ser preparados. Una saeta (flecha) se prepara. En el contexto de la Biblia, en la antigüedad, las flechas eran hechas a mano por artesanos, de un material especial y en un proceso muy especial. Es nuestro privilegio prepararlos. También significa que debemos ayudarles a encontrar el propósito de sus vidas; así como la flecha es lanzada a un "blanco", nuestros hijos deben ser lanzados hacia un blanco,  hacia un propósito para el que fueron creados. Para esto es necesario que les enseñemos a tomar decisiones correctas, lo que tiene que ver con la dirección que les damos, hacia dónde se van a dirigir sus vidas. "Como flechas" también incluye darles impulso, motivarlos, animarlos.

Ricardo Millán 

Devocional marzo 30/2026

"El sumo sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así? [2] Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro ...