"Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés." (Hechos 6:11-14).
Los oponentes de Esteban no podían ganar una pelea justa, así que usaron mentiras y estrategias secretas para cambiar la opinión popular contra Esteban. Lucas (escritor de Hechos) no sabía que los oponentes de Esteban sobornaron a unos para que dijeran todo eso. Posiblemente lo supo porque un hombre llamado Saulo de Tarso estaba entre los oponentes. Algunos de ellos eran de la región natal de Pablo, Cilicia. Saulo (quien después vino a ser conocido como Pablo el apóstol) pudo haberle contado a Lucas sobre este incidente.
Los oponentes de Esteban no pudieron hacer nada contra los seguidores del Señor Jesús hasta que tuvieron la opinión pública de su lado. Previamente, la persecución contra los apóstoles había sido limitada porque la opinión pública estaba con ellos (Hechos 2:47, 5:26). La opinión pública puede ser fácilmente moldeada. Las mismas multitudes que alabaron al Señor Jesús (Lucas 19:35-40) pronto clamaron por su crucifixión (Lucas 23:18-23). Las multitudes que amaron a los apóstoles (Hechos 2:47, 5:26) gritaron contra Esteban. Es por eso que nunca debemos permitir que la opinión popular moldee la visión o el enfoque de la iglesia, debemos asegurarnos de que descansen en la palabra eterna de Dios.
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