miércoles, 4 de marzo de 2026

Devocional marzo 4/2026

"Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto?, ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, a este, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros." (Hechos 3:11-16).

El milagro de la sanidad del cojo causó un gran impacto en toda la gente que se encontraba en el templo. Pedro tuvo que aclararles que no fue por el poder de ellos (Juan y Pedro), ni por sus méritos, que el hombre fue sanado. Fue enfático y directo en darle la gloria a Dios. Sabiamente aprovechó la multitud reunida. Aun así, sabía que el fenómeno del milagro en sí mismo no atraía a nadie a Jesús, simplemente despertó interés. Aunque el pueblo estaba atónito, todavía no eran salvos. Este podría haber sido un buen momento para compartir un testimonio, ya que el hombre sanado ciertamente tuvo una gran experiencia. Pero Pedro sabía que lo que la multitud necesitaba oír –aun más que la experiencia del hombre sanado– era el evangelio de Jesucristo y un llamado a arrepentirse y creer. El hombre sanado aún no sabía lo suficiente como para compartir eso, así que Pedro habló. Sabía que la fe salvadora no venía al ver o escuchar sobre milagros, sino que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (Romanos 10:17).

Al empezar con esta referencia al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Pedro dejó claro que les hablaba sobre el Dios de Israel, el Dios representado en las Escrituras hebreas. La grandeza del sermón de Pedro es que se trató completamente del Señor Jesús. El enfoque del sermón no estuvo en Pedro ni en algo que él hizo, sino todo en el Señor Jesús. Lo primero que dijo llamó la atención hacia la idea de que Jesús es el Siervo perfecto del Señor, que se menciona en las Escrituras hebreas (como en Isaías 42, 52:13-53:12). “El concepto del ‘siervo del Señor’ era bien conocido en Israel debido a Isaías 53 y otros textos”. (Boice).


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